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Tuxtla Gutiérrez

La Editorial 14/07/2020

Enlace Chiapas

La pandemia se mantiene entre el quédate y el sal de casa, en la encrucijada de resguardarse, buscar el sustento o pretender alguna reactivación económica.

El desafío personal y familiar no es otro más que la búsqueda de sobrevivencia a los coletazos de la crisis.

El llamado a quedarse en casa, que suena bien, es un exhorto con una vigencia no definida ante los riesgos reales de contagio de Covid-19.

En Chiapas se advierte la peligrosidad del nuevo coronavirus con nuevos casos y defunciones y bajo un hipotético semáforo de alerta permanente.

El gobierno afirma que la intensidad del virus aminora, se estabiliza, y confía en remontar la enfermedad que enluta y paraliza la vida.

El quédate en casa, en la ruta hacia el medio año de cuarentena, es una medida para evitar la transmisión del terrible virus que aplica a quienes tienen posibilidades de sustentarse.

Por decreto, los empleados de instituciones de gobierno, no todas, reciben los sueldos sin trabajar y no la pasan tan mal.

Los otros, la mayoría, ahora desempleados, salen a buscar  posibilidades de ingresos para llevar algo a la mesa.

No basta la ayuda humanitaria propagada por el gobierno ni los apoyos de programas para resolver  necesidades de alimentación, pagos de  agua potable, luz eléctrica y gas doméstico.

El quédate en casa exhibe la inefectividad de una política asistencial y de bienestar para atender a los desprotegidos que deben salir para obtener lo básico.

La llamada Nueva Normalidad abrió el cauce para persistir en el aislamiento o traspasar la puerta hacia la esperanzada labor que proporcione algún dinero o trueque.

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