La Editorial
27/07/2023
La guerra de encuestas por la candidatura al gobierno de Chiapas cada día es más efervescente y tendenciosa.
Estas pugnas de estadísticas involucran además a quienes aspiran a otros cargos de elección popular.
Estas lecturas, no obstante, abren el debate de las preferencias, lo mismo entre aspirantes, partidarios y simpatizantes.
Que la política, así fuera preelectoral o de tendencias, como ocurre en el país y el estado, genere ruidos y gritos, es altamente saludable para la olla de presión en las que en estos períodos se convierten las sociedades.
Las encuestas, que como bien sabemos, son en más de una ocasión, juegos de espejos engañosos, las paga quien más recursos posee, por tanto no son del todo fiables.
Estos ejercicios, que involucran mucho dinero, son más bien arenas, escenarios de descalificaciones abiertas o encubiertas entre los suspirantes a las urnas.
Las encuestas reales son las sostenidas con el trabajo, la trayectoria y los valores de políticos, servidores y funcionarios públicos, por cierto que son electos por ciudadanos que votan, o con el cerebro, el corazón o las tripas, es decir, con la razón, el sentimiento, la ira y el desprecio.