La Editorial
14/07/2022
La reciente visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Chiapas coincidió con las investigaciones que la Unidad de Asuntos Internos de la Guardia Nacional realiza a un grupo de agentes suyos.
A los elementos, se dijo, se les investiga, por su presunto involucramiento en el accidente de un vehículo de migrantes en la carretera Ocozocoautla-Las Choapas.
Los extranjeros acusaron a los uniformados de provocar el percance carretero que dejó un saldo de 11 extranjeros lesionados.
Horas antes de la visita presidencial de tres días, activistas dijeron que este nuevo caso, en el que los de la Guardia Nacional “querían su moche”, es uno de tantos hilos de la madeja de la corrupción galopante en la migración de la frontera sur.
La presunta corrupción, involucra por igual al crimen organizado y al gobierno, que retarda visas y permisos, o los adelanta, como sucede con solicitantes cubanos.
Organizadores y líderes de caravanas de migrantes cuestionan que en la política migratoria de México no hay necesidad de tantos discursos y brincos estando el suelo tan parejo.
La migración se fundamenta en el derecho y se sostiene en buena medida con la política que no debe rebasar las normas porque están de por medio los derechos de los demás, de la mayoría.