Tapachula, Chiapas. Para muchos migrantes, obtener el asilo en México representa la esperanza de una vida estable. Sin embargo, la realidad con la que se encuentran después del trámite es otra: la falta de empleo, la discriminación y los altos costos de vivienda los dejan en una situación de precariedad extrema.
Katherine, una migrante hondureña, relata su experiencia tras meses de espera para obtener su tarjeta de residente. “Desde abril hasta noviembre me la entregaron, pero aun así no puedo conseguir trabajo. Me piden más papeles, porque solo con la tarjeta de asilo no me dan empleo”, cuenta.
Además de la burocracia, otro obstáculo es la discriminación. “Uno que es extranjero siempre lo ven un poco de menos”, dice Katherine. Muchas empresas le exigen comprobantes de estudios como secundaria o preparatoria, pero si no es de nacionalidad mexicana, simplemente no le ofrecen el puesto.
El costo de vida en Tapachula también representa un reto. “La renta está entre 1,500 y 2,500 pesos por persona, sin contar servicios como agua, luz e internet, que son aparte”, explica. En total, sus gastos mensuales superan los 3,000 pesos, mientras que los salarios en la región apenas alcanzan los 1,200 semanales.
/Mesa de Redacción/